La legislación sin razón

Ante la falta de argumentos técnicos, el ayuntamiento de Sevilla decide que la movilidad debe ser activa.

Es verdad que debería haber más peatones y menos coches. Es verdad que la gente debería hacer más ejercicio. Pero el ayuntamiento no puede decidir cuál es ese ejercicio, ni cuando debe hacerse ni quién debe hacerlo. Es antidemocrático y es una burrada.

Es antidemocrático porque la democracia se basa en el gobierno de la mayoría respetando las minorías.

Minoría es el caso de Sara, que es una separada muy joven con tres niños. Cada día limpia cinco casas para mantenerlos. Lo que quiere al acabar su jornada no es caminar ni pedalear, sino un sillón. No tiene carnet de conducir, no se puede permitir el coche y le sería imposible encontrar sitio para aparcar cerca de las casas donde trabaja, dos de ellas en el centro histórico. El ayuntamiento de Sevilla legisla contra esta mujer.

Minoría es el caso de Raquel. La conozco muy bien porque es mi mujer. Es administrativa y trabaja en el polígono industrial Torrecuéllar. Cuando sale de trabajar va a cuidar de su madre, que padece una grave enfermedad y debe estar siempre acompañada. Es imposible encontrar sitio para aparcar cerca de la casa de su madre y no existe combinación con transporte público desde su centro de trabajo. También es imposible ir y venir en bicicleta desde allí, o subirla cinco pisos sin ascensor, o dejarla en la calle y hallarla al amanecer. Por eso usa un patinete eléctrico que saca del maletero cuando encuentra un sitio para aparcar por el camino, en cualquiera de los barrios aledaños al de su madre para hacer los últimos dos kilómetros. No tiene más fuerza ni más tiempo. Con la imposición de la movilidad activa, el ayuntamiento se burla de la mujer más buena del mundo.

Manu se quedó en minoría cuando se cayó dos pisos desde un andamio, porque pocas personas sobreviven. Tuvo el reflejo de caer de pie, pero se los destrozó. Tiene una minusvalía reconocida porque apenas puede caminar y tampoco puede permanecer de pie. Por eso usa un patinete con sillín. El ayuntamiento le exige la movilidad activa legislando contra quien no puede hacerla porque le es imposible.

Juan es un cirujano jubilado que se pasó la vida fumando. Una grave enfermedad derivada del tabaquismo acabó con la mayor parte de su función pulmonar. Se agota al caminar en llano, aunque sea despacio. Ha encontrado una nueva vida en el patinete eléctrico, con el que acompaña cada tarde a correr a su nieta de 16 años. Él cree en la movilidad activa, pero no en las imposiciones a ciegas.

Jorge es autónomo y tiene reuniones con mucha gente a lo largo del día. Si viviese en Burgos o en Valladolid iría en bicicleta porque le encanta, pero vive en Sevilla y cree que llegar sudado a sus entrevistas de trabajo es una falta de respeto para los demás. El fin de semana sale al campo con su bicicleta de montaña. Participa en carreras importantes y se mantiene muy en forma. El ayuntamiento no puede decidir por él cual es el momento de ponerse en forma.

Estos son solo algunos casos, pero resumen los de la mayoría de los que no pueden o no quieren tener la "movilidad activa" que exige el ayuntamiento a quienes van en patinete eléctrico, pero no a los automovilistas.

Las decisiones que se aplican sin problema a la mayoría no son justas si no respetan los derechos de algunos. Cuando con la excusa de la democracia se ejerce alguna forma de tiranía contra las minorías, la democracia se degrada porque excluye a los que sufren.

Andrés Nadal (Presidente)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *