¿Nos acompañas?

Hemos ganado la guerra, pero quienes nos metieron en ella todavía no lo saben.

Ha sido muy dura, en primer lugar porque quienes considerábamos nuestros aliados naturales, como ocurre en prácticamente todas las poblaciones del país, han sido nuestros peores enemigos.

Una asociación de ciclistas ha cambiado el apoyo en la gran base social que tenía antes, por la capacidad de influir en el poder a través de políticos mediocres. No ha intervenido en la regulación por el bien de la ciudad, sino por sus caprichos personales. Nosotros usamos los vehículos de movilidad personal en nuestro devenir diario, pero amamos las bicicletas, que utilizamos los fines de semana fuera de la ciudad. Ellos, en cambio, odian los patinetes. Sobre esa base es éticamente insostenible redactar una norma que ha de servir a todos los ciudadanos.

¿Qué haríamos nosotros si mañana el alcalde de Sevilla nos pidiese que redactasemos la norma que regulase la movilidad de las bicicletas?

Lo primero sería pedirles que las redactasen los propios usuarios, como es lógico. Nosotros queremos potenciar las bicicletas en la ciudad mientras la Asociación Acontramano quiere eliminar los patinetes de la ciudad imponiendo condiciones imposibles para su circulación.

Legislar basándose en prejuicios es algo monstruoso.

Nosotros pensamos que una bicicleta más o un patinete más son un coche menos, y eso beneficia a toda la población, incluidos los automovilistas, porque tendrán más espacio para circular y para aparcar y mejor aire para respirar.

La contaminación provocada por los vehículos a motor causa 40 muertes diarias en España, aparte de los accidentes.

Hay muchas maneras de luchar contra la Crisis Climática. Para unos es la bicicleta, para otros el patinete y para otros comprarse un coche eléctrico. No existe un único camino para llegar a este fin.

La declaración de Emergencia Climática debería servir para mejorar la ciudad en lugar de para hacer propaganda. Mientras en Sevilla tenemos la Oficina de la Bicicleta, que es un vestigio del pasado, en otras ciudades tienen, por ejemplo, la Agencia de Ecología Urbana, que es una herramienta de transformación de la ciudad.

No necesitamos a un ciclista que solo aborda de forma sectaria una fracción de la micromovilidad, sino un ecologista que tenga una mirada global y completa sobre Sevilla, vigilando su arbolado, abriendo pasillos verdes en los páramos de cemento que ahogan la ciudad, permitiendo la biodiversidad, creando islas vegetales que refresquen los edificios cercanos y mitiguen la contaminación.

La planificación estratégica del espacio público, la movilidad, la energía, el aire y el agua deberían ser revisadas por un ecologista que tuviese preparación técnica o científica, no como se hace en Sevilla donde, salvo casos muy meritorios, como el agua, se utilizan criterios de disparate, datos aportados por cuñados y opiniones desinformadas de la prensa para legislar.

Reclamamos al Ayuntamiento de Sevilla que la nomenclatura y la señalética sean inclusivas, se adapten a los tiempos y recojan la realidad de los nuevos vehículos de movilidad personal.

El ayuntamiento se ha convertido en la mayor amenaza para Sevilla. A medida que dejamos de creer en ellos creemos más en la sociedad. Estamos empezando a trabajar de una manera muy fluida con diferentes asociaciones con finalidades compatibles con la nuestra.

Por otro lado, estamos haciendo una intensa lucha de pedagogía en las redes sociales que ya está teniendo fruto, porque en apenas unos meses estamos observando un cambio de percepción en la gente hacia nuestra forma de movernos.

Nos quedan muchas batallas que pelear. ¿Nos acompañas?

Andrés Nadal (Presidente)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *