El cambio en el modo de moverse se debe reflejar en todos los sentidos

La propuesta de normalizar la nomenclatura de los carriles bici para actualizarla, hacerla inclusiva y recoger la realidad de su uso parece algo natural.

Nos sorprende que colectivos que pueden utilizar el lenguaje inclusivo en sus textos quieran utilizar el lenguaje exclusivo y anticuado según sus propios intereses.

Sevilla es una anomalía entre las grandes ciudades de España porque en ella hay colectivos ciclistas que no son ecologistas y odian la incorporación de otros medios de movilidad sostenibles y prefieren que haya más coches y menos patinetes eléctricos.

A quienes los conducimos nos gustan las bicicletas y queremos que sigan estando protegidas porque son vehículos tan fantásticos que se mantienen desde hace dos siglos. No era una moda, como reprochaban los alcaldes pueblerinos desde los carromatos y desde los caballos. Era una necesidad, igual que hoy lo son los vehículos de movilidad personal.

La propuesta de Ciudadanos se queda corta porque debería incluir la conversión de la sectaria Oficina de la Bicicleta en una Oficina de Ecología Urbana que promueva, no sólo todo tipo de vehículos ecológicos y sostenibles, sino también la creación de pulmones verdes en cada barrio de la ciudad y de pasillos ecológicos que los unan y, por tanto, el cuidado del arbolado urbano como elemento vital y no solo ornamental.

Obviamente, debería ser dirigida por un científico o por un técnico reconocido en el mundo de la ecología.

Acontramano considera dramático el cambio de nombre mientras promueve que miles de personas en Sevilla no puedan utilizar el vehículo que más les conviene o deban hacerlo asumiendo grandes riesgos.

Con todas sus virtudes, la bicicleta no es un vehículo universal porque no la pueden utilizar quienes padecen algunas dolencias ni quienes quieren guardar su vehículo debajo de su mesa mientras trabajan, o en su casa mientras duermen.

Adaptar un nombre a la realidad de su uso no es dramático. Dramático es que las bicicletas tengan en Sevilla 16000 plazas de aparcamiento y los patinetes ninguna.

El cambio de nomenclatura del carril no es una amenaza contra las bicicletas y, si lo fuese, no lo consentiríamos. Amenaza es lo que tienen en Sevilla los patinetes eléctricos y los demás vehículos de movilidad personal, porque tienen que circular con tan escasa potencia que es insuficiente para frenar con seguridad o para transportar a las personas de mayor peso, discriminadas por su tamaño o por enfermedades como la obesidad mórbida.

Amenaza es lo que tienen las personas que no pueden utilizar el vehículo que necesitan porque desde el Ayuntamiento les imponen la "movilidad activa". Los que tienen una actividad laboral física, los profesionales que deben llevar una caja de herramientas, los que tienen alguna dolencia, los que temen sufrir un golpe de calor en verano o los que no quieren llegar sudados a sus citas y entrevistas, se sienten amenazados porque, aunque su velocidad es suficiente, los límites arbitrarios impuestos por el Ayuntamiento de Sevilla con la complicidad de Acontramano convierten en insegura esta forma de moverse y en muchos casos solo dejan la opción del coche, cuyos gases contaminantes matan cada día de forma prematura a 40 personas en España. Eso no es una amenaza: es una sentencia.

Dramático es que impongan una limitación de 15 kg, con lo que se pierde estabilidad en el vehículo y no se pueden poner buenos materiales ni mejores elementos de seguridad, como frenos o amortiguadores en una calzada irregular. Tampoco se pueden mejorar las baterías que permitirían realizar mayores recorridos. Por esa razón en las demás ciudades el límite de pesos es de al menos 50 kg.

Al poner una limitación de longitud de 1 metro, el ángulo de avance es demasiado corto para garantizar una buena estabilidad. Por eso las demás ciudades la longitud es de 2 metros.

Al poner una limitación de 250 W el vehículo no puede frenar con la rapidez que sería necesaria ya que estos vehículos frenan con el motor y se requieren al menos 350 W para garantizar esa operación de seguridad. Por esa razón no existe limitación de potencia en otras ciudades. Por esa razón ninguna empresa de patinetes de alquiler de patinetes es legal en Sevilla: para cumplir las normas arbitrarias y únicas del Ayuntamiento de Sevilla tendrían que poner en un grave riesgo a sus usuarios.

Es dramático que las personas que habitan en Área Metropolitana no puedan utilizar sus VMP para acceder a la capital porque necesitan potencia para las cuestas del entorno de Sevilla, donde serían multados por la potencia que necesitan en sus poblaciones.

Es dramático que en Sevilla, la tercera ciudad más visitada de España, multen a los turistas que puedan acceder a la ciudad con sus VMP que traen en los trenes o en los maleteros de sus coches, porque las limitaciones que impone la regulación local es inverosímil en las poblaciones de las que proceden.

Dramático es que el Ayuntamiento de Sevilla y Acontramano hayan convertido los vehículos de movilidad personal en Sevilla en la chatarrería de Europa, ya que solo se pueden usar los vehículos que ya no se fabrican por su inseguridad o juguetes que no se deberían usar en la vía pública.

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